La historia de un matrimonio común.

«Marta estaba desesperada….»

Virginia Viñas Colmeiro

VIRGINIA VIÑAS
EneaCoach. Especialista en Eneagrama.
Autora del programa LOOKINGFORUS

 

 

Marta y Luis son un matrimonio de empresarios que ha decidido entrar en mi Programa LOOKINGFORUS. Ellos han querido que os cuente su historia, saben que hay muchos más matrimonios que viven en la misma espiral. Por motivos evidentes sus nombres han sido cambiados pero su historia se mantiene fiel a la realidad. Lo que vais a leer es mi visión de los acontecimientos que ellos me han contado. Os puedo decir que a Marta le encanta leer lo que escribo sobre ellos y que Luis, que es un perfeccionista (Eneatipo 1), me corrige varias veces para que me acerque lo más posible a su realidad.
Gracias a los dos por este regalo.
A vosotros, mis lectores, os dedico cada palabra de este pequeño relato. Es con la generosidad de personas como Marta y Luis que conseguiremos vivir con mayor conciencia. Os pido que seáis sinceros con vosotros mismos y que intentéis encontraros dentro de su historia.

 

Martes 14:30h
Cuando colgó el teléfono, recogió sus cosas rápidamente y se encaminó hacia la puerta. No se acordaba muy bien donde había aparcado el coche. Le solía pasar…
Cuando recibió la llamada de Marta, Luis se sintió bastante molesto. Tenía mucho trabajo y no podía perder demasiado tiempo. El banco le había dicho que las Líneas de Crédito se renovarían esa semana y tenía mucho en que pensar. Le gustaba ordenar ideas y analizar bien la situación de la empresa para renegociar las líneas. No le gustaba ir deprisa, eran asuntos importantes de los que su negocio dependía. Se lo había dicho a Marta en la última reunión por eso se sintió tan molesto cuando recibió su llamada.
Llevaban casados 15 años y tenían 2 hijos. La empresa nació dos años después de su boda. Luis siempre había querido tener su propio negocio, estaba cansado de dedicar horas y horas de trabajo a otros y cuando se lo propuso a Marta, esta le apoyo de tal forma, que unos meses después los dos eran propietarios de una empresa propia de servicios de Marketing Digital.
Luis se estaba poniendo cada vez más nervioso, no encontraba el coche. Empezó a mirar de un lado al otro mientras la rabia se iba apoderando de su cuerpo. Odiaba no saber donde había aparcado el coche. Metió las manos en los bolsillos buscando las llaves… no estaban. De la nada, abrió la boca, se disponía a gritar. Dio un golpe en la columna que estaba al lado del ascensor y subió a su despacho.
– ¿Luis? – oyó a sus espaldas.
– ¿Luis? , te estaba buscando. Acabo de hablar con el cliente de Lisboa, necesitan urgentemente que les mandemos los números de la campaña. Quieren aumentar la publicidad pero quieren conocer los resultados de esta última semana.
– Voy ahora mismo. Déjame coger mi ordenador y te veo en tu despacho.

Martes 15:15h
¿Por qué siempre hay tanto tráfico a estas horas? Marta estaba desesperada. El tráfico no le dejaba avanzar… tenía unas ganas horribles de ir al baño. Era martes, el día de hacer las compras de la semana. Hacía años que lo había organizado así. Aprovechaba la hora de karate de los niños para hacer las compras en un supermercado próximo. Ahora estaba en el coche desesperada, con ganas de hacer pis y reorganizando mentalmente su cabeza. Necesitaría hacer la compra otro día. Frenó en seco. Iba en sentido contrario! Empezó a dar golpes en el volante y en medio de una tropelía de tacos invirtió la marcha.
Cuando la llamaron del colegio para decirle que Tomás estaba en el hospital, Marta estaba saliendo de casa en dirección a la empresa. Era habitual para ella entrar en el coche a esa hora para ir al trabajo y su inconsciente la había llevado en aquella dirección.
Pensó que sería mejor llamar a Luis para decirle que había mucho tráfico y que llegaría tarde al hospital. Sabía que Tomás ya estaría con su padre por lo que decidió aminorar la marcha y relajarse antes de que ella también tuviese un accidente. Llamó a Luis. El sonido de llamada se repitió varias veces antes de caer en el voice mail. Volvió a llamar. Nada. Mientras intentaba hablar con Luis, decidió consultar sus emails. Respondió a dos mientras estaba parada en el semáforo. Seguía dándole vueltas a su agenda para encontrar el día más adecuado para hacer las compras. De repente se dio cuenta de que sí Tomás no pudiese ir al colegio en los próximos días, ella tampoco podría ir a trabajar en su horario normal… con la cantidad de cosas que tenía que hacer esa semana…. Intentaría resolverlo con las abuelas. La renovación de Líneas de Crédito les generaba mucho stress. Marta, que dirigía el departamento financiero de la empresa, solía preparar la renovación con un mes de antecedencia. Lo tenía casi todo listo pero había quedado con Luis en verlo juntos. El mes de Enero era complicado para la empresa. Aunque era un mes casi de descanso para el departamento de publicidad para ellos era un mes difícil. La facturación bajaba sustancialmente lo que significaba un sinfín de tiempo “libre” para sus empleados y varios dolores de cabeza para ellos. Pagar sueldos, gastos fijos, gastos extras y liquidar cuentas corrientes de proveedores era peliagudo. Mientras seguía conduciendo en dirección al hospital, calculo varias veces el total de la cuenta de gastos. Se le ocurrieron algunas soluciones para equilibrar la balanza. Aprovecho el siguiente semáforo para apuntar en la agenda sus ideas, trataría de darles forma mañana. Sonó su teléfono. ¿Luis? … No, era su madre. No podía atenderle. La llamaría después. A lo mejor, el jueves por la mañana, si pudiese llegar más tarde al despacho, podría hacer la compra. No, el jueves sería imposible.

Martes 15:45h
Luis se había metido de lleno en la campaña de su cliente de Lisboa. El hecho de que quisiesen aumentar la publicidad esa semana seria una ayuda enorme para la empresa. El departamento de publicidad estaría ocupado y Marta conseguiría gestionar con más facilidad el departamento financiero. Así, lo de la renovación de Líneas empezaba a parecerle pan comido. En su ordenador ya se mostraban los índices de audiencia de la campaña y sus dedos tecleaban a toda velocidad. Tenía varias pestañas abiertas para conseguir que su resumen de resultados fuese lo más exacto posible. Estaba concentrado. Sabía que tenía otras cosas que hacer pero esto era lo primero. No podía perder la oportunidad de tener un mes tranquilo. Además el nombre de su empresa estaría asociado a la campaña, miles de personas verían la publicidad y sin duda esto le traería beneficio a corto plazo. Concentrado, sonreía. Su teléfono había sonado un par de veces pero decidió no atender, nada era tan importante como lo que tenía entre manos.

Martes 15:55h
Seguía dando vueltas con el coche para encontrar un sitio para aparcar. Se estaba poniendo de muy mal humor. ¿Cómo es posible que en un hospital no haya sitio para aparcar? Su teléfono seguía sonando. Era su madre. Marta empezó a imaginar a su madre pegada al teléfono. Se lo había explicado millones de veces: – No puedes dejar el teléfono sin bloquear cuando lo llevas en el bolso, Mamá. Con el movimiento puedes hacer llamadas sin darte cuenta.- Al parecer, seguía sin entenderlo. Se puso a buscar el coche de Luis. Si lo encontrase podría aparcar detrás del. Nada. Misión imposible!. Salió del recinto del hospital y busco sitio en la calle. Su teléfono seguía sonando.

Martes 16:10h.

Solo faltaba darle a ENVIAR. Luis volvió a leer su informe. ¿Estaría bien? ¿Sería fiel a la realidad? ¿Parecería un desesperado en busca de facturar?. “Su email ha sido enviado”
Se levantó de la mesa de la sala de reuniones y volvió a su despacho. Cuando entró vio las llaves de su coche sobre la mesa. Se llevó las manos a la cabeza, cogió las llaves y salió a toda velocidad en dirección al hospital.
En el ascensor tocaba incesantemente en botón de -1. Sudaba. Su pie derecho marcaba un compás acelerado golpeando sin cesar el suelo. Seguía sin saber dónde estaba su coche. No importaba, cogería un taxi.

Martes 16:15h
Marta entró por la puerta de urgencias, se dirigió al mostrador y pregunto por Tomás. Se había ido a la planta 2 para hacerle unas radiografías. Marta preguntó si podía subir pero le dijeron que no, que el niño ya estaba acompañado y que debería esperar.
Marta respiro profundamente y se sentó en la sala de espera. Se empezaba a tranquilizar imaginando la escena en RX. Luis, blanco como el papel, estaría dando la mano a Tomas y diciéndole lo bien que se estaba portando. Estaba segura de que Luis ya le habría prometido ir al cine el fin de semana para compensar la valentía de Tomas. Cuando la llamaron del colegio le dijeron que no parecía grave, simplemente necesitaría algunos puntos porque se había abierto la cabeza dándose un golpe contra los barrotes de la portería de fútbol. Luis se ponía enfermo cuando veía sangre. Marta se reía imaginando la escena. Se alegraba de que él estuviese allí. Marta le reprochaba su falta de tiempo para los niños. Vio su reloj: las 16:30???? Mierda! Tenía que recoger a Teresa en el colegio! Llamó a su madre. Sin respuesta.

Martes 16:20h.
Marta entró en el coche y tiró en el asiento del conductor su abrigo, su bolso y el teléfono. Encendió el coche y salió a toda velocidad. Al pasar por el primer crucé giro a la derecha. Siguió a toda prisa por la calle, rezando no encontrarse los semáforos en rojo. Le pareció ver el coche de Luis en el primer cruce bajando hacia el hospital. El tráfico seguía imposible! Empezó a sortear los coches y decidió utilizar atajos. Llegaría tarde. Teresa se lo echaría en cara toda la semana. Estaba acostumbrada, Teresa estaba en plena adolescencia y siempre estaba contrariada. “Teresa contra el mundo” solía decirle. Esta fase había sido fácil con Tomas. El era responsable y cariñoso. Nunca le cobraba nada. Teresa era otra historia. Cuando llegaba tarde al a recogerla se pasaba una semana diciéndole cosas como “claro, es que no soy Tomas” “Si, si, estabas trabajando… el trabajo es más importante que yo”. Odiaba aquellas frases pero hoy tendría una disculpa poderosa. Necesitaba llamar a Luis pero imaginaba que no conseguiría atenderla. No sabía muy bien a donde ir después de recoger a Teresa. Quizás lo mejor fuese llevarla directamente a Karate y hacer la compra como de costumbre…

Martes 16: 15h.
Luis entró en el hospital sin saber muy bien lo que iba a hacer. Se había cruzado con Marta pocos metros antes de la entrada e imaginaba que se habían ido para casa. Se sentía aliviado, al final lo de Tomas no habría sido nada grave pero por otro lada le hervía la sangre. ¿Por qué Marta no le aviso de que el niño estaba bien? ¿Sabe en qué mes estamos? Se dirigió al mostrador y pregunto por Tomas. La enfermera le dijo que aun no había vuelto de Radiología, había huelga de auxiliares y el día se había complicado mucho. ¿Complicado? No sabe usted cuánto! Pensaba Luis. ¿A dónde habría ido Marta? Estaba seguro de habérsela cruzado… Si Tomas estaba aun en el hospital, ¿dónde estaría Marta?. Cogió su teléfono y vio las llamadas perdidas de Marta. Al final sí que le había llamado. Verificó las horas: 15:17h, 15:18h, 15:20h. Miró su reloj: 16:15h…. Se acababa de cruzar con ella. No entendía nada pero estaba seguro de que todo estaba bien. Marta tenía siempre todo controlado. Subió a la cafetería.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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